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La actividad científica se desarrolla en contextos muy diferentes en las universidades, centros de investigación, empresas. Los entornos donde trabajan los investigadores promueven distintas culturas según su misión y objetivos.

En las universidades, la investigación junto a la enseñanza superior es un objetivo primordial. El tiempo de trabajo está dividido entre esas dos funciones. La actividad científica demostrada es el criterio que usarán, primero, las agencias de evaluación y, segundo, los comités de contratación y baremación. Las publicaciones y el número de proyectos serán indicadores fundamentales para acceder a una plaza, pero, las plazas sólo se crearán cuando las cargas docentes lo requieran. La movilidad es obligatoria, para quienes tienen una posición consolidada o en vías de consolidación es temporal, obligatoria para quienes no tienen una posición de su categoría en la institución. Aunque existe una relación jerárquica, la cultura democrática y los controles externos sobre la incorporación y promoción del personal de investigación ha diluido en parte las relaciones verticales. La crisis económica ha erosionado el compromiso institucional con las personas que trabajan en la investigación no promocionándolas a pesar de haber alcanzado los criterios meritocráticos requeridos. El suelo pegajoso es evidente pues sólo un 20% de las mujeres son catedráticas.

En los centros de investigación los baremos potencian el número de publicaciones y la financiación conseguida a través de los proyectos. Las patentes registradas son importantes en las áreas tecnológicas. Las plazas nuevas son generadas por las necesidades de los proyectos o mediante la consecución de becas externas (de financiación nacional, europea, regional o privada). La promoción depende del éxito alcanzado, de la decisión de las personas situadas en posiciones superiores o líderes de grupo. La inestabilidad es mayor en aquellos centros más jóvenes con menor capacidad de atracción de recursos. La movilidad se impone como un elemento integrante de las trayectorias profesionales, no sólo es obligatoria sino la manera de promocionarse. El compromiso de las instituciones con el cumplimiento de la carrera de investigación de sus trabajadores es muy débil, puesto que se entiende que el investigador es un trabajador autónomo que logra su propia promoción mediante la obtención de becas y el acceso a redes internacionales. Las relaciones entre compañeros son jerárquicas, centradas en la figura del líder del equipo de investigación. La crisis ha afectado en la financiación disponible para contratar a predoc, postdoc, técnicos y personal de gestión de la investigación. Las mujeres se sitúan en las posiciones intermedias y hay muy pocas mujeres líderes o directoras de centros de investigación.

Las empresas innovadoras también hacen investigación con el objetivo de desarrollar productos requeridos por los clientes. Las publicaciones son menos importantes y las patentes desarrolladas (no únicamente registradas) son indicadores de la excelencia del trabajo realizado. Los proyectos y su capacidad financiera son la fuente de incorporación de investigadores más jóvenes. El número y la importancia de proyectos liderados permite la promoción profesional. La dinámica del mercado es decisiva para el crecimiento de la plantilla, el desarrollo de nuevas áreas y la promoción del personal de investigación. Las mujeres raramente ocupan posiciones de liderazgo. Aunque no es el único entorno donde existe situaciones de acoso, el entorno hegemónico masculino visibiliza en mayor medida situaciones probables de discriminación. Por lo que hay que cuidar especialmente la forma de vestir y actuar, lo cual denota la hostilidad del entorno hacia las mujeres investigadoras. Las relaciones son jerárquicas, puesto que los líderes de cada proyecto tienen autonomía respecto a su grupo de investigación. La crisis afecta al número de personas contratadas en cada proyecto y el volumen de trabajo realizado por el personal de plantilla.